lunes, 22 de septiembre de 2008

MATAMALA. Lo que callan los rincones.

Para uno Matamala es algo más una sesión nueva.
Llevo viviendo con ella más de un año.
Ahora, después de tanto tiempo de crear, ordenar, seleccionar, interiorizar, aprender, olvidar, visualizar... después de haber ido adelantándola, leída trocito a trocito, en entregas quincenales, en Cadena Ser Noroeste de Murcia, por fin ha visto la luz.

El viernes 19 y el sábado 20 tuvo lugar el preestreno en Albacete y Alicante de lo que ya es la sesión de cuentos "Matamala. Lo que callan los rincones".

Mirad que par de públicos he tenido que no me los merezco:


No puedo más que dar las gracias a los amigos y amigas que estuvisteis compartiendo conmigo la alegría de las palabras y los nervios y la inseguridad de lo desconocido.

El día 11 de octubre a las 23 horas haremos el preestreno en abierto.
En la Cafetería Medici, en San Gabriel
(C/Ramón Gómez Sempere, junto a la CAM)

Para los que no estuvisteis os cuento que Matamala fue un pueblo de aquellos que existieron en los años 30, 40, 50, 60 o por ahí, cuando había más moscas que coches, los coches llevaban los caballos por fuera y las calles eran de tierra para poder jugar a las canicas (aunque no había canicas)

Era de esos pueblos que a lo lejos se ven pequeños pero que se van haciendo grandes conforme te vas acercando, aunque tampoco mucho.
Tenía dos o tres calles, según como la miraras.

Matamala estaba cerca de Hierbabuena, localidad con la que, claro, mantenía una visceral enemistad desde el principio de los tiempos.
La patrona era la Virgen del mal yacer o La Gozosa, según fuera el cura que tocara.

Matamala fue uno de esos pueblos que tuvieron torre desde la que se lanzó un burro por el campanario cada año hasta que el cura se negó y los mozos decidieron tirar la torre. El cura se opuso, pero le miraron así y dijo "bueno, bueno, tirad la torre. Pero como tradición no os va a valer" y finalmente tiraron al cura y al año siguiente la torre y un año después empezaron un campeonato de mus con la conciencia tranquila y la satisfacción por el deber cumplido.

Vivimos la boda de Ladislao Pérez, el guardia civil (curiosamente tuve un abuelo en la vida real que se llamaba Ladislao Pérez, esto es cierto) experto en disolver tumultos de gente y grumos de bechamel, que para él era lo mismo: sacaba la porra y hale, hale, hale hasta que se disolvían. La novia fue Paca la panadera, nacida en Cente, provincia de Guadalajara, que terminó viviendo en Matamala por los avatares del destino. Como era deCente la acogieron bien, aunque los hombres empezaron a morir al poco de casar con ella. Terminaron diciéndole la viuda negra, pero siempre flojito y en su ausencia.

La boda... ¿pues que vamos a contar? Una de esas bodas en que los comensales empiezan a lanzarse miguitas de pan y terminan orientando a un piloto de Iberia que ha bajado a preguntar por la dirección hacia Cuenca.

También conocimos a Patricio, que le llamaban el desgarbao, auque él era poeta. Era poeta porque las palabras le habían elegido para que las retratara. Porque llamaba a los árboles por su nombre propio. Porque si cerraba los ojos era capaz de escuchar los pasos de las personas que habían pisado aquellas calles antes que él y si había silencio hasta llegaba a oír el transitar del mundo sobre sus antiguos ejes oxidados.

Era poeta especialmente por su manera de enamorarse. El pobre, fue a darle su primer beso a Roberta. Roberta era hija del cura. La habían hecho deprisa y corriendo y con apuro, fruto de alguna penitencia o un agacharse sin mirar. Fuertota y grande, aunque bien proporcionada, menos la cara que el Señor se la fue dejando para el final y con las prisas no le dio tiempo a rematarla.
Patricio descubre un mar adentro de aquella mujer "si la miras mucho rato se te arrugan las yemas de los dedos", llegó a decir...
Los labios de Roberta y Patricio fueron a juntarse en unas fiestas para indiferencia de la una y desgracia del otro.
Aunque parezca mentira, aquel encuentro dio lugar a LA LEYENDA DEL BESO.

En Matamala, gustaban mucho eso de las leyendas. La del beso, que contaba Patricio, era la más gustaba, pero había más: La del jabalí gordo, La del besugo sargo, la de la vieja del candil, y la de las mujeres canela. Esta última la cuenta Evaristo, el protestante, que empezó dando la lata porque le echaban a perder el bancal de maíz, cogió carrerilla y ahora se queja por todo.
Pues estando en un accidentado partido de fútbol, justo mientras hacían la repetición del gol a cámara lenta, le llegó un fuerte olor a canela. Cuando miró en la dirección de su origen descubrió a la que parecía ser la chica de la curva (que dobló así la esquina y desapareció). Evaristo fue con la intención de darle la bienvenida y... bueno, digamos que casi pierde la vida... o que casi la encuentra.


Pues eso, ya ha echado a andar esta nueva sesión.
Espero preestrenarla algunas veces más y darla a conocer al público el próximo enero.


www.pabloalbo.com
Si buscabas las fotos de las actuaciones, las tienes en www.pabloalbo.com/2008/2008.htm

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